Dios escoge corazones dispuestos a servir y nos habla de diversas maneras. Por un lado, cuando Sebastián tenía 17 años, Dios le mostró a través de un sueño cómo recorría diferentes países, no en busca de reconocimiento ni de riquezas, sino con el objetivo de sembrar esperanza. Sin saber cuándo o de qué manera este sueño se haría realidad, nunca dejó de latir con fuerza. Por otro lado, cuando Polo tenía 33 años conoció a Cristo, le entregó su vida y entendió la importancia de tomar decisiones. Tiempo más tarde, ya con una familia conformada, experimentó cómo profesionales de otros países llegaban a bendecir al suyo. Poner en práctica el amor al prójimo y ver de primera mano el compromiso con el que estas personas trabajaban para servir a Dios no solo conmovió la vida de Polo, sino que encendió una llama que nunca más se apagaría.
Lo cierto es que Dios siempre cumple con Su Palabra y finalmente cruzó los caminos de aquel joven que soñó con recorrer los países ayudando a los demás con el del hombre experimentado que tenía en su corazón llevar adelante este sentir. Ambos entendieron que esos anhelos llenos de fe y perseverancia que cada uno tuvo fueron el primer latido de lo que hoy es una realidad transformadora que solo se cumple en los tiempos perfectos de Dios.
De esta manera, en 2020, nace Semillas, una fundación que brinda asistencia y transforma las vidas no solo de quienes reciben la ayuda, sino que también de las personas que dan.
En Semillas, nos dedicamos a compartir el talento que Dios nos dio para bendecir y dar al prójimo. A través de visitas con brigadas médicas, la creación y el apoyo de comedores comunitarios y el desarrollo de programas educativos, llevamos la luz de Jesús a los corazones de quienes más lo necesitan.
Estamos convencidos de que cada plato de comida que servimos, cada niño que recibe educación, cada familia que siente el calor de nuestro abrazo es una semilla que refleja el amor incondicional de Jesús.
En Semillas, creemos que el amor de Jesús es el fundamento para transformar la vida de las personas e impactar en las comunidades a las que llegamos.
Nuestra visión es más que solo proporcionar recursos; es plantar una semilla de esperanza en los lugares donde existe una necesidad real, donde la desilusión ha echado raíces profundas. Nuestro anhelo es que cada acción que hagamos genere un impacto duradero, un eco que resuene mucho después de que nos hayamos ido. Por ello, queremos establecer lazos sólidos con iglesias locales y corazones dispuestos a recibir la bendición, asegurándonos de que la obra de Dios continúe con pasión y compromiso.
Las brigadas que hemos llevado a cabo nos han dado la experiencia necesaria para afirmar que, unidos en el propósito de servir, Dios nos da las herramientas para motivar a las personas locales, para que sean ellas quienes rieguen la semilla que plantamos para luego ver florecer el fruto.
Aunque las circunstancias puedan ser desafiantes, queremos que las personas reciban la salvación y el amor de Dios que renueva y transforma.
Nos comprometemos a servir al prójimo con propósito, puestos siempre los ojos en el ejemplo de Jesús en cada acción que realizamos.
Actuamos con honestidad y transparencia en todas nuestras actividades y finanzas, con una conducta íntegra en todo momento.
Fomentamos la creación de iniciativas autosustentables que aseguren el apoyo continuo a las comunidades a las que llegamos con las brigadas y los comedores.
Nos enfocamos en generar un impacto profundo y duradero en las vidas de las personas y comunidades para que puedan recibir el incomparable amor de Dios y la esperanza que trae la semilla que plantamos en cada corazón.
Te invitamos a ser parte de Semillas en la misión de sembrar esperanza.
Puedes aportar tu tiempo, recursos o simplemente difundir lo que hacemos para que podamos llevar la palabra de Dios, amor y fe a aquellos que luchan, ayudándoles a encontrar un propósito y una razón para seguir adelante.